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Inteligencia Espiritual

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Durante muchos años, se propició una educación orientada casi exclusivamente al cultivo de la razón, y descuidó por completo la educación del corazón, de los sentimientos, de los valores. Goleman puso en evidencia el error de esta concepción e insistió en la necesidad de desarrollar la Inteligencia Emocional, que describió como la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y manejar bien las emociones. De hecho, no hay nada más peligroso que una persona inteligente pero con el corazón pequeño.

Más allá de si las personas son religiosas o no, de si son creyentes, agnósticos o ateos, todos poseemos Inteligencia Espiritual que es la que capacita para la contemplación y el asombro, para buscar el sentido último de la vida y de la muerte, para llevar una existencia solidaria y feliz.

La Inteligencia Espiritual conduce a la sabiduría, que no consiste en saber muchas cosas, sino en la capacidad de sumergirse en lo profundo y hacerse las preguntas esenciales. El conocimiento nos informa, la sabiduría nos transforma, nos induce a vivir bien. El conocimiento se expresa en palabras, la sabiduría en la vida. La sabiduría tiene como fin la felicidad, la vida plena.

Antonio Pérez Esclarín

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